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Encuentro de Agustinas Misioneras Jóvenes - Mensaje a todas las hermanas de la Congregación “… estando él en Betania, en casa de Simón el leproso, y sentado a la mesa, vino una mujer con un vaso de alabastro de perfume de nardo puro de mucho precio; y quebrando el vaso de alabastro, se lo derramó sobre su cabeza...” Mc 14, 3 Nairobi, 26 de enero de 2007 Queridas hermanas, Cuando hace tres semanas llegamos a Nairobi, con nuestro equipaje de ilusión, entusiasmo y esperanza, por ser convocadas a este Encuentro que buscaba favorecer y escuchar el latido joven de nuestra Congregación, recibimos la invitación a vivir una experiencia de comunión unidas por la misma Espiritualidad, Carisma y Misión. Durante este tiempo, acompañadas por el equipo de Talita Kum, hemos dejado latir nuestros corazones jóvenes al ritmo de Agustín, compartiendo y profundizando, desde la experiencia, las tres dimensiones de nuestra espiritualidad como un desafío para continuar creciendo en nuestro ser Agustinas Misioneras… en comunión con un mundo en cambio; Agustinas Misioneras… que encuentran a Dios en la interioridad; Agustinas Misioneras… mujeres consagradas para servir. Y hemos disfrutado este encuentro con alegría e intensidad, sintiéndonos llamadas a compartir lo que aquí hemos vivido en este tiempo de gracia y crecimiento personal. Nos sentimos afortunadas y agradecidas por esta oportunidad de conocernos, por reconocer la historia de nuestras hermanas y por acercarnos a la presencia de nuestra Congregación en cada lugar en el que una Agustina Misionera teje una nueva historia de encarnación. Enriquecidas por la convivencia, el compartir de nuestras culturas, y desde las diferentes realidades en las que estamos presentes, sentimos crecer nuestra pertenencia a esta familia congregacional que nos lleva a ampliar nuestra comunión universal contemplando con mirada creyente la vida y descubriendo el ímpetu del Espíritu que nos invita a renovar nuestro modo de estar en el mundo. Durante este tiempo hemos sido testigos del milagro del encuentro y hemos celebrado la vida con pasión y alegría, convencidas de que el Señor, nuestro Dios, se alegra y danza con gozo en medio de nosotras, como en los días de fiesta (cf. Sof. 3, 17-18), y queremos continuar celebrando la vida con todas vosotras, y en medio de tantos pueblos con nuestros hermanos y hermanas, en la casa común de la diversidad, compartiendo la mesa del amor, el perdón y la solidaridad, desde nuestro ser de mujeres jóvenes, discípulas, compañeras de camino y educadoras. Deseamos, con todas nuestras hermanas, proclamar el aroma del Evangelio que nos urge a salir al encuentro de los pobres de la tierra, de tantas mujeres, hombres y niños que anhelan un mundo nuevo tejido de humanidad. Nos sentimos desafiadas a vivir en un mundo en cambio, afianzando nuestra identidad como Agustinas Misioneras: mujeres consagradas para vivir con pasión el signo de la fraternidad y, con nuestra vida, ser alternativa en medio de sociedades cada vez más deshumanizadas. Pero somos conscientes de que este camino no lo empezamos nosotras ni podemos recorrerlo solas, por eso hoy el latido de las jóvenes Agustinas Misioneras quiere revelar una actitud de profunda gratitud. Gratitud hacia Clara, Mónica y Querubina que nos iluminan el camino. Gratitud hacia cada una de las hermanas que nos han precedido, por su coraje y valentía de salir a anunciar el Evangelio sembrando buena noticia. Gratitud también hacia cada una de vosotras, nuestras hermanas, que compartís la vida derramando con derroche en la misión el perfume que Dios ha puesto en vosotras. Gratitud a Dios que confía en nosotras. Herederas de este sueño común queremos mantener esa llama encendida. Deseamos soñar, y soñamos mirando el presente como semilla de porvenir; creyendo en lo que somos hoy para tender un puente al futuro que queremos construir con coraje y con fe. Experimentamos que este acontecimiento es signo de que otro mundo es posible, y somos llamadas, convocadas por el Dios de la Vida, a hacer de este sueño una realidad a la manera de Jesús de Nazaret que cada día convierte nuestra agua en vino. Conscientes de que estamos en las manos de Dios y hacemos parte de su historia de salvación, y fortalecidas en este encuentro, queremos amar y servir con audacia y riesgo, pues como los discípulos de Emaús sentimos arder nuestro corazón con el deseo de anunciar la buena noticia a todos los confines de la tierra; y con la mujer del evangelio queremos quebrar nuestro frasco con la libertad y disponibilidad de quien ama con todo su ser, asumiendo los desafíos de nuestro tiempo y descubriendo, aun en las situaciones que provocan muerte y desesperanza, el perfume de la vida en abundancia. Con la intercesión de Nuestra Madre del Buen Consejo y siguiendo la intuición de Agustín confiemos el pasado a la misericordia de Dios, el futuro a su providencia y hagamos del presente un acto de amor con todo el corazón. Agustinas Misioneras Nairobi
02/02/2007 11:14 Comentarios » Ir a formulario |
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