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CONGRESO DE VIDA CONSAGRADA PASIÓN POR CRISTO, PASIÓN POR LA HUMANIDAD “Lo que el Espíritu dice hoy a la Vida Consagrada” (Convicciones y perspectivas) 25/11/2004Había una muchedumbre inmensa… de toda nación, razas, pueblos y lenguas …el Cordero los guiará a los manantiales de las aguas de la vida (Apc 7,9.17) El Congreso sobre la vida consagrada, celebrado en Roma del 23 al 27 de noviembre de 2004 – última semana del año litúrgico- y organizado por las dos Uniones de Superioras y Superiores Generales, ha sido un acontecimiento sin precedentes. En él hemos participado 847 personas consagradas, procedentes de todo el mundo: • 95 de África,250 de América,92 de Asia,16 de Oceanía y 394 de Europa. Entre nosotros ha habido una mayoría de Superioras y Superiores Generales, pero también Presidentas o Presidentes de gran parte de las Conferencias nacionales de Religiosos y Religiosas de todo el mundo, teólogas y teólogos, directoras y directores de Revistas y Publicaciones sobre la Vida Consagrada y jóvenes religiosas y religiosos. Han participado también algunos Obispos y algunos miembros de la Congregación de Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica y de la Congregación para la Evangelización de los pueblos. “Pasión por Cristo, Pasión por la Humanidad” ha sido el lema del Congreso. Nace de la contemplación de dos iconos: el de la Samaritana junto al pozo de Sicar, y del Samaritano en el camino que va de Jerusalén a Jericó. Con este texto final ofrecer a la vida consagrada el trasfondo de reflexión y discernimiento que nos ha ocupado durante estos días. Hacer “lo que el Espíritu dice hoy a la vida consagrada” es la perspectiva que hemos elegido para esta declaración final. Nos ha movido a ello la Palabra de Dios, proclamada y celebrada en estos días: el Apocalipsis y el discurso escatológico de Jesús nos han situado ante la gravedad del momento presente y el horizonte de una apasionada Esperanza. El Congreso dio prioridad al aspecto experiencial de la vida consagrada en los diversos contextos socioculturales y eclesiales. Utilizó una metodología en la que todos estábamos implicados en el discernimiento. Se había preparado con anterioridad un Instrumentum Laboris que fue preparado con aportaciones de las bases y estudiado a nivel mundial; ello generó un diálogo y un intercambio fecundos. Durante el Congreso las Ponencias tuvieron una función estimulante para suscitar reacciones y discusión en grupos, cuyas conclusiones fueron compartidas en sesiones plenarias. De este modo, fue apareciendo lo que el Espíritu está haciendo surgir en la vida consagrada en el mundo plural en que vivimos. Los desafíos de los signos de los tiempos y de los lugares fueron tomando cuerpo para interpelarnos. Apareció así la necesidad de insertarnos en la realidad de nuestro tiempo desde “una nueva imaginación de la caridad” (Novo Millenio Ineunte, 50), en la misión y vida del pueblo de Dios. I. SED Y AGUA, HERIDAS Y SANACION (NUESTRA SITUACIÓN) “Se dónde vives… conozco tu tribulación y tu pobreza…” (Apc 2,13.9) 1. Ante el espejo de los dos iconos Los dos iconos, el del Samaritano (Lc 10, 25-37) y el de la Samaritana (Jn 4, 4-43), son como un espejo en el vemos reflejada nuestra situación de heridas y sed, de sanación y de agua viva. a) En la humanidad Somos parte de la humanidad: ·sedienta de bienestar en un mundo consumo y pobreza, de amor en medio del caos y desorden amoroso, de trascendencia en un contexto de desencanto político y existencial; ·que acude a grandes pozos para calmar su sed (como la Samaritana) o construye otros nuevos (como Jacob); ·que desea saber (como el escriba) y desarrolla saberes y tecnologías; ·que establece instituciones (como el Templo y el Mesón) para subvenir sus necesidades trascendentes y vitales; y genera prejuicios de raza, religión y género; ·que se siente herida y medio muerta, excluida y empobrecida, sin hogar, violentada e insegura, enferma y hambrienta (como el ser humano caído junto al camino), a causa de la violencia, las guerras y el terror, de la concentración del poder y la arbitrariedad injusta, del perverso sistema económico y del egoísmo acaparador (los bandidos). ·En el espejo de los dos iconos, nos vemos, a veces, con el rostro de la institución sagrada (sacerdote, levita, templo) distanciada de los pobres y de los dolores de la humanidad ; ·de la esposa prostituida por alianzas de conveniencia (nuestras idolatrías); ·Estamos en un cambio de época, marcado por grandes avances de las ciencias y las tecnologías, incapaces todavía de resolver los grandes problemas de la humanidad; ·poderosos medios de comunicación que, tantas veces, colonizan los espíritus; la mundialización y globalización, que nos hace interdepen-dientes, a la vez que atenta contra las identidades particulares; ·acontecimientos (kairoi) que nos sorprenden y desubican (“apareció entonces… un samaritano) y que expresan que Dios es el Señor de la historia; ·la sed y crisis de “sentido”, para las que se ofrecen mil propuestas y promesas. Leemos y entendemos este tiempo con el criterio evangélico que estos dos iconos nos ofrecen, dejándonos interpelar y tocar por: ·la sed de sentido; ·el dolor de la humanidad; ·la pasión por Jesucristo, mediador de nuestra Alianza con Dios; ·la compasión que sale al paso de los dolores y necesidades de la humanidad. Este criterio nos hace descubrir las ambigüedades, las limitaciones, la precariedad, la influencia del mal en nuestro mundo y en nosotros. Pero también nos hace ver que pasión y compasión son energías del Espíritu que dan sentido a nuestra misión, que animan nuestra espiritualidad y dan calidad a nuestra vida comunitaria. b) En la Iglesia Buscamos nuestro lugar en la Iglesia, pueblo de Dios, casa y escuela de comunión (Novo Millenio Ineunte, 43): ·No nos resulta fácil resituarnos en ella como mujeres y varones, como hermanas/hermanos y ministros ordenados. ·tenemos sed de una nueva etapa de “mutuas relaciones” con nuestros pastores, con otros grupos y movimientos en la Iglesia, animadas por la equidad, la fraternidad y sororidad y una mayor confianza y apertura mutuas. Nos dicen que somos un don para toda la Iglesia (VC, 1): ·damos gracias a Dios por ello y deseamos seguir siéndolo de forma renovada y generosa. ·reconocemos que los diferentes carismas y ministerios eclesiales son un gran don para nosotros; ·en el intercambio de dones el Cuerpo de Cristo recupera todo su vigor (1 Cor 12,12-31). Nos comprendemos como “vida consagrada” más allá de las fronteras de nuestros institutos, de ·nuestra confesión católica, de nuestra fe cristiana. Por eso, favorecemos: ·estamos a favor del ecumenismo y el diálogo de la vida consagrada con otras confesiones y religiones; ·nos solidarizamos con otros grupos que luchan por la dignidad humana, la paz, la justicia y la ecología; ·acogemos a aquellas hermanas y hermanos laicos que sienten nuestros carismas y fundadoras y fundadores como propios, de modo que nos identificamos no solo como Orden o Congregación, sino también como Familia en vida y misión compartida. 2. “Nacer de nuevo” Desde hace tiempo, algo nuevo está naciendo entre nosotros, al compás de otras realidades que mueren (obsoletas tradiciones y estilos, instituciones mortecinas). Nos afecta la agonía de lo que muere y la confianza de lo que nace. Aunque no acabamos de ver claro aquello que el Espíritu está haciendo nacer en la vida consagrada, sin embargo ya distinguimos brotes de novedad: ·el deseo de “nacer de nuevo”, -desde la lógica de la encarnación (NMI, 52) y la súplica al Espíritu para que así sea (refundación) ·la fascinación que hoy ejerce sobre la vida consagrada la figura de Jesús, que en la cruz manifiesta ·en plenitud la belleza y el amor de Dios (VC, 24) y su Evangelio (alianza); ·la centralidad de la “lectio divina”, en la que proclamamos, meditamos, compartimos, oramos desde ·la vida y la historia la Palabra de Dios (obediencia); ·el eje de la la misión realizada según nuestros carismas particulares y compartida, que excita nuestra imaginación y nos lanza a iniciativas nuevas, audaces, proféticas, fronterizas en el ámbito del anuncio de Jesucristo a través de la inculturación, el diálogo interreligioso e interconfesional, la inserción desde la opción por los últimos y excluidos, las nuevas formas de comunicación: misión y opción por los pobres (pobreza). ·la búsqueda de una comunión y comunidad basada en relaciones profundas, inclusivas; la extensión progresiva de la vivencia comunitaria a la parroquia, la diócesis, la ciudad, la sociedad, la humanidad (celibato y comunidad). La necesidad de una nueva espiritualidad que integre lo espiritual y lo corporal, los femenino y lo masculino, lo personal y lo comunitario, lo natural y lo cultural, lo temporal y lo escatológico y nos acompañe en todo lo que vivimos y hacemos; El tránsito de una vida consagrada que huye del mundo a una vida consagrada encarnada y testigo de trascendencia. II. TRAS LAS HUELLAS DE LA SAMARITANA Y EL SAMARITANO: SEGUIMIENTO Y APRENDIZAJE “Si conocieras el don de Dios” (Jn 4, 10) Mira que estoy a la puerta y llamo (Apc 3,20) El deseo de responder a los signos de los tiempos y de los lugares nos ha llevado a describir la vida consagrada como “pasión”: pasión por Cristo, pasión por la humanidad. Tal estado espiritual es más un punto de llegada que un mero sentimiento inicial. Es, sobre todo, un camino de pasión creciente. “Yo soy el Camino” (Jn 14,6) nos dice Jesús: ·Él nos amó y se entregó por nosotros. Su pasión precede a nuestra pasión. Su amor apasionado al Abbá se tradujo en pasión por la humanidad. ·Movido por la compasión divina, asumió nuestra sed, nuestras heridas, nos amó sin discriminación, hasta convertirse en nuestro buen Samaritano y en el Esposo, que entrega la copa de la nueva Alianza, su sangre derramada, su mismo Cuerpo inmolado. ·Desde su Cruz, Jesús “atrae a todos hacia sí” (Jn 12, 32-33). Y nosotros hemos experimentado su seducción En el camino del seguimiento el Maestro ·nos va seduciendo, siempre más; ·nos va configurando a su imagen y semejanza; ·nos va introduciendo poco a poco en su misterio y en su misión (como a la Samaritana); ·nos enseña a transformar nuestra pasión en gestos de compasión (como el Samaritano). ·nos redime de nuestras ambigüedades, infidelidades ante el poder, el tener y el sexo; ·nos aconseja interiormente a través de su Espíritu y nos fortifica en el combate (Apc 2-3). En la escuela del seguimiento, ·La samaritana y el samaritano se convierten para nosotros en mistagogos de una contemplación comprometida y de una misericordia contemplativa; ·En los dos se integran armoniosamente contemplación y acción: la samaritana experimenta a Jesús y va a anunciarlo; el samaritano descubre en el prójimo, que sufre, el rostro de Dios y lo socorre. III. “HAZ LO MISMO Y VIVIRÁS”: HACIA UNA NUEVA PRAXIS 1. Siete virtudes para hoy El seguimiento de Jesús que intentamos realizar como vida consagrada en tiempo, suscita en nosotros actitudes, que queremos denominar simbólicamente “siete virtudes para hoy”. Las entresacamos de las ricas aportaciones de los grupos, con el temor de no haber incluido todas. Ellas no capacitarán –como nos ha sugerido el Papa- para saciar la sed, vendar heridas, ser bálsamo en las llagas, colmar los deseos de alegría, de amor, de libertad y paz de nuestras hermanas y hermanos (cf. Juan Pablo II, Mensaje al Congreso, n.3)”. Desde ellas asumimos el rostro nuevo de una vida consagrada “sacramento y parábola del Reino de Dios”. ·Profundidad: discernimiento evangélico, autenticidad ·Hospitalidad: y gratuidad ·No violencia y mansedumbre ·Libertad de espíritu ·Audacia y capacidad creadora ·Tolerancia y diálogo ·Simplicidad: valorizar los recursos pobres y pequeños. 2. Perspectivas prácticas Durante el Congreso hemos reflexionado ampliamente sobre la situación de la vida consagrada en las diversas áreas del mundo. Los grupos han ido señalando pistas de acción para enfrentar los desafíos del momento presente. Nos remitimos a las relaciones que ellos han presentado y redactado. Allí aparecen con toda su riqueza y detalles las diversas propuestas.. Ha sido un hecho sin precedentes, el que mujeres y hombres de la vida consagrada de todo el mundo, de diversas culturas y lenguas, hayamos podido dialogar, debatir y proyectar juntos sobre el presente y el futuro de nuestra vida y misión. Por eso, las perspectivas ofrecidas y las acciones propuestas tienen un valor muy especial. Deseamos que el acontecimiento de este Congreso, no solo en su discernimiento, sino también en su método, sea como un nuevo punto de partida conjunto en la bella aventura del seguimiento de Jesús en nuestro tiempo. ADONDE EL ESPÍRITU NOS LLEVE “El que tenga sed, que se acerque, y el que quiera, reciba gratis agua de vida” .(Apc, 22,17) Al concluir el Congreso podemos proclamar que el Espíritu nos ha confortado y nos ha abierto nuevos horizontes. Aunque Él es imprevisible como el Viento y no sabemos de dónde viene ni hacia dónde va, hemos escuchado el murmullo de su voz en la voz de los signos de los tiempos y de los lugares, que hemos procurado discernir con una común fe orante. Como María y su esposo José, hemos comprendido que para seguir a Jesús hay que vivir abiertos a Dios y cercanos a las necesidades del prójimo; disponibles siempre frente al Dios de las sorpresas, cuyos caminos y pensamientos no son los nuestros (Is 55,8-9). La celebración del Congreso ha terminado pero no sus implicaciones y exigencias. Ellas comienzan ahora. Es responsabilidad de todos -UISG, USG, Conferencias Nacionales de Religiosas y Religiosos, Comunidades y personas consagradas-, el traducirlas en actitudes, iniciativas, decisiones y proyectos. Un modo de entender y vivir la vida consagrada que dio frutos abundantes en el pasado, está cediendo el paso a otro más en sintonía con lo que ahora nos pide el Espíritu. “No tenemos solamente una historia gloriosa para recordar y contar, sino una gran historia que construir! Pongamos los ojos en el futuro, hacia el que el Espíritu nos impulsa para seguir haciendo con vosotros grandes cosas!” (VC, 110). Quizás más que en otras épocas experimentamos nuestras pobrezas y limita-ciones. En medio de ellas resuena la voz del Señor: ¡no temas, yo estoy contigo! Esta certeza renueva nuestra esperanza que se apoya en la bondad y en la fidelidad del “Dios de la Esperanza que nos llena de alegría y paz en la fe, para que abundemos en ella por la fuerza del Espíritu Santo” (Rom 15,13). Él es nuestra esperanza y “la esperanza no quedará confundida” (Rom 5,5). 04/12/2004 11:01 Comentarios » Ir a formulario
Hola, Juliana: Qué bueno que nos enviéis estos articulos sobre el Congreso de la Vida Consagrada y que bueno que tú hayas participado en él. Nada sobre para recordarnos la pasión que hemos de tener por Cristo y por el mundo y lo que ha de ser nuestra vida llena de sed de Dios, de sanación (Samaritana) y llena de deseos de donar nuestra vida por este nuestro mundo(samaritano). El Documento que nos entregaste en la Asamblea del Brasil lo hemos estudiado y reflexionado en comunidad, creo que nos ha hecho mucho bien y éste de nuesvo lo haremos objeto de nuestras reflexiones.
Muchas gracias por todo lo que hacéis para "espabilarnos".Un fuerte abrazo y mi oración y apoyo. M.Luz Pacho Fecha: 05/12/2004 13:28.
Muy bueno todo lo del Congreso,y lo que podemos seguir leyendo de las ponencias y trabajos grupales.
Un abrazo grande y que la Virgen de Guadalupe nos cubra con su manto. Fecha: 07/12/2004 03:02.
Hemos leído el documento preliminar en la comunidad de Móstoles, ha sido bueno y enriquecedor. También es bueno que nos queden interrogantes para seguir buscando en la orientación que el Señor desea para todas nosotras como vida consagrada.
Me alegra encontrarme con este tipo de mensajes, veo cómo queremos seguir estando "vivas" y "sedientas". Dios nos continúa acompañando y me encanta saberlo. Un saludo a todas, Eva Fecha: 12/12/2004 12:40. |
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